Tratamiento de las infecciones en Pediatría · Guía rápida para la selección del tratamiento antimicrobiano empírico

Neumonía


Fecha de actualización: 13/07/2026
(V.4.0/2026)

Cita sugerida:

Croche Santander B, Ares Álvarez J.  Neumonía (v.4/2026). Guía-ABE. Infecciones en Pediatría. Guía rápida para la selección del tratamiento antimicrobiano empírico [en línea] [actualizado el 13/07/2026; consultado el dd/mm/aaaa]. Disponible en http://www.guia-abe.es


Introducción / puntos clave
  • La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una infección aguda del parénquima pulmonar que se desarrolla fuera del ámbito hospitalario. Se considera adquirida en la comunidad cuando el paciente no ha estado hospitalizado en los 7-14 días previos al comienzo de los síntomas o, si ha requerido ingreso, cuando los síntomas aparecen en las primeras 48 horas de la hospitalización1.
  • La incidencia de NAC varía ampliamente según la edad, la definición y el entorno epidemiológico, siendo mayor en menores de 5 años. A nivel global, continúa siendo una de las principales causas de mortalidad infantil. Su impacto en términos de mortalidad es considerablemente menor en los países de ingresos altos, debido al mayor acceso a la atención sanitaria y a medidas preventivas y terapéuticas eficaces.
  • Los virus respiratorios constituyen la principal causa de NAC en los menores de 5 años. Streptococcus pneumoniae continúa siendo el principal agente bacteriano en todas las edades. En los mayores de 5 años aumenta la frecuencia de los patógenos atípicos, especialmente Mycoplasma pneumoniae.
  • Las vacunas conjugadas frente a Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae tipo b han reducido de forma significativa la incidencia y gravedad de la neumonía bacteriana, así como las hospitalizaciones y complicaciones asociadas. Sin embargo, el serotipo 3 de pneumoniae continúa siendo una causa relevante de enfermedad invasiva y se asocia especialmente con neumonía complicada y fracaso vacunal.
  • La introducción de anticuerpos monoclonales de acción prolongada frente al VRS, especialmente nirsevimab, ha reducido de forma significativa la carga de enfermedad grave por VRS en lactantes y está modificando la epidemiología de las infecciones respiratorias y su impacto asistencial.
  • El diagnóstico de la NAC es fundamentalmente clínico. La radiografía de tórax no está indicada de forma sistemática en todos los niños previamente sanos con NAC leve y manejo ambulatoria. La evidencia disponible respalda la ecografía pulmonar como herramienta diagnóstica útil tanto en Atención Primaria como en el ámbito hospitalario, ya que permite una valoración rápida, inocua y sin radiación ionizante. Realizada por profesionales entrenados, constituye una alternativa válida a la radiografía de tórax, siendo de elección en el diagnóstico del derrame pleural paraneumónico.
  • El hemograma y los biomarcadores de inflamación pueden orientar la etiología (bacteriana o vírica), pero no permiten confirmarla. La detección de virus respiratorios mediante técnicas moleculares y antigénicas puede ser útil para el diagnóstico etiológico, aunque sus resultados deben interpretarse con cautela, ya que la detección de uno o más virus respiratorios no excluye una coinfección bacteriana, especialmente en las neumonías graves.
  • Se describen los criterios de derivación hospitalaria, que no siempre implican gravedad o necesidad de ingreso, sino que pueden responder a la necesidad de valoración diagnóstica y monitorización.
  • El tratamiento inicial es empírico, basado en la evaluación clínica, el contexto epidemiológico y la etiología más probable según la edad y la gravedad del paciente. Proponemos un esquema de tratamiento basado en la edad y la gravedad del paciente, factores que orientan la elección terapéutica y el ámbito de manejo, en atención primaria u hospital.
  • No se recomiendan antibióticos ante la sospecha de etiología vírica (muy frecuente en menores de 2-3 años). Si se sospecha etiología bacteriana, amoxicilina oral (en caso de tratamiento ambulatorio) o ampicilina (en caso de ingreso hospitalario) son los antibióticos de primera elección en NAC no complicadas y en derrame pleural no complicado.
  • En niños previamente sanos con NAC no complicada y evolución clínica favorable, se consideran adecuadas pautas antibióticas de 5 días. En caso de evolución desfavorable, persistencia de la fiebre o aparición de complicaciones, puede ser necesario prolongar el tratamiento en función de la evolución clínica.
  • En pacientes con sospecha de NAC por patógenos atípicos puede adoptarse inicialmente una actitud expectante con tratamiento sintomático y seguimiento estrecho, reservando el tratamiento antibiótico para los casos graves, con evolución desfavorable, manifestaciones extrapulmonares o factores de riesgo.
  • La mayoría de los niños previamente sanos presentan se recuperan sin secuelas. Tras comprobar una evolución clínica satisfactoria, no requieren seguimiento posterior ni control radiológico rutinario.

Cambios más importantes respecto a la versión anterior: La evidencia respalda el uso de la ecografía pulmonar  (POCUS) por profesionales capacitados como herramienta para el diagnóstico y seguimiento de la NAC tanto en Atención Primaria como en el ámbito hospitalario; la generalización de las técnicas moleculares para la detección de virus respiratorios en pacientes hospitalizados; la incorporación de la proteína C reactiva capilar en Atención Primaria como apoyo a la toma de decisiones terapéuticas; la consolidación de las pautas antibióticas de 5 días en NAC no complicadas en pacientes sin factores de riesgo o comorbilidad; y un abordaje más restrictivo de la NAC por patógenos atípicos. Asimismo, se incorpora la evidencia sobre el impacto de nirsevimab en la prevención de la enfermedad por VRS y la introducción de las vacunas antineumocócicas conjugadas PCV15 y PCV20. Finalmente, se unifican las recomendaciones terapéuticas para los lactantes menores de 3 meses.

Microorganismos causales (niños previamente sanos)

Grupos de edad

Frecuentes

Menos frecuentes

 0 - 1 mes

  • S. agalactiae.
  • E. coli.

Otras enterobacterias, virus respiratorios,2 L. monocytogenes, Enterococcus spp., S. aureus, U. urealyticum.

1 - 3 meses

  • Virus respiratorios2.
  • S. pneumoniae3.

S. aureus, S. agalactiae, B. pertussis, H. influenzae tipo b, C. trachomatis, enterobacterias, otros virus.

3 meses - 5 años

  • Virus respiratorios2, 4.
  • S. pneumoniae 3.

H. influenzae no tipable, S. pyogenes5, S. aureus5, M. pneumoniae, C. pneumoniae, H. influenzae tipo b.

>5 años

  • S. pneumoniae3.
  • M. pneumoniae6.
  • Virus respiratorios2, 4.

 

C. pneumoniae, S. pyogenes5,  S. aureus5, M. tuberculosis.

Microorganismos causales (condiciones especiales)

Aspiración7

  • Ámbito comunitario: S. aureus, H. influenzae, S. pneumoniae, anaerobios orales (Peptostreptococcus spp., Fusobacterium spp., Prevotella spp., Bacteroides spp.).
  • Ámbito hospitalario/nosocomial: ídem a ámbito comunitario + bacilos Gram negativos aerobios (K. pneumoniae, K. oxytoca, E. coli, S. marcescens, P. mirabilis, E. cloacae).

Inmunodepresión8

  • Bacterias: S. pneumoniae, M. pneumoniae, S. pyogenes, S. aureus, H. influenzae, M. tuberculosis, C. pneumoniae, P. aeruginosa, enterobacterias, L. pneumophila, micobacterias no tuberculosas, Nocardia spp.
  • Virus:  VRS, influenza, adenovirus, parainfluenza, rinovirus, metapneumovirus humano, SARS-CoV-2, coronavirus estacionales (229E, NL63, OC43, HKU1), bocavirus, virus varicela-zóster, CMV, VEB, VHS, enterovirus.
  • Hongos: P. jirovecii, Aspergillus spp., Fusarium spp., Mucoraceae spp.
  • Parásitos: T. gondii, S. stercoralis.

Nosocomial9

 

Bacterias:

  • Sin factores de riesgo de multirresistencia: S. pneumoniae, S. aureus, H. influenzae, enterobacterias (E. coli, K. pneumoniae).
  • Con factores de riesgo de multirresistencia10: S. aureus, P. aeruginosa, K. pneumoniae, Enterobacter spp., Acinetobacter spp.
  • Virus: VRS, influenza, parainfluenza, rinovirus, metapneumovirus humano, bocavirus, adenovirus, coronavirus.

Fibrosis quística

  • Microorganismos más habituales: S. aureus, H. influenzae no tipable, P. aeruginosa.
  • En fases más avanzadas de la enfermedad o con colonización crónica: B. cepacia complex, S. maltophilia, A. xylosoxidans y micobacterias no tuberculosas. Aspergillus spp. puede detectarse como colonización y, en algunos pacientes, asociarse a aspergilosis broncopulmonar alérgica.  

Drepanocitosis11

  • S. pneumoniae, S. aureus, H. influenzae, M. pneumoniae, C. pneumoniae. Virus respiratorios.

Estudios complementarios  

 

Evaluación inicial

Situaciones especiales (valorar de forma individualizada)

Atención primaria

Urgencias hospital / hospitalizados

Técnicas de monitorización de la oxigenación e intercambio de gases12       

  • Pulsioximetría.
  • Pulsioximetría.
  • Gasometría.
  • Pulsioximetría.
  • Gasometría.

Laboratorio13

  • PrCR capilar14.
  • Hemograma, PrCR, PCT.
  • Analítica ampliada según la gravedad y situación del paciente.
  • Citoquímica y bioquímica de líquido pleural si toracocentesis.

Microbiología

  • Test de antígeno viral15
  • Hemocultivo16.
  • PCR de virus respiratorios (Paneles multiplex respiratorios de virus)17.

 

  • Líquido pleural: cultivo, Gram y Ag de S. pneumoniae, S. pyogenes y/o PCR bacteriana si está disponible18.
  • Serología19.
  • PCR de Mycoplasma20.
  • PCR de virus respiratorios y bacterias atípicas (paneles multiplex respiratorios de virus y bacterias)21.
  • Ag de Legionella y/o neumococo en orina22
  • Mantoux con/sin IGRA23.
  • Cultivo de esputo o aspirado gástrico24.
  • Cultivo de aspirado traqueal o de LBA25.

Pruebas de imagen

  • Rx de tórax26.
  • Ecografía pulmonar (POCUS) 27.
  • Rx de tórax26.
  • Ecografía pulmonar (POCUS) 27.
  • Rx tórax en proyecciones especiales.
  • Ecografía pulmonar.
  • TC de tórax28.

Fibrobroncoscopia

 

 

  • Fibrobroncoscopia con LBA29.

Criterios de derivación desde Atención Primaria y de ingreso hospitalario

 

Derivación desde AP

Ingreso hospitalario

Edad

< 6 meses.

En < 3 meses ingreso recomendado.

Entre 3-6 meses individualizar30.

Patología de base

Enfermedades de base con riesgo de evolución grave o descompensación (neuromuscular, neumopatía crónica, cardiopatía congénita, fibrosis quística, inmunodeficiencia, enfermedad metabólica, etc.).

 

Los mismos criterios que para derivación, si se confirma la NAC.

 

Pruebas complementarias

Si se considera necesario la realización de pruebas no disponibles en este nivel.

 

Estado general

Afectación del estado general / TEP inestable.

Aspecto séptico, inestabilidad hemodinámica, cianosis, alteración de nivel de conciencia, deshidratación, convulsiones.

Signos de dificultad respiratoria

Moderada-grave: retracciones a 2-3 niveles, aleteo, quejido espiratorio, taquipnea31.

Los mismos criterios que para derivación.

Oxigenación

Sat02 ≤ 92%.

Persistencia de hipoxemia y necesidad de oxígeno suplementario. 

Complicaciones

Sospecha o confirmación de derrame pleural, neumonía necrotizante o absceso.

Los mismos criterios que para derivación, salvo niños con derrame pleural parapneumónico pequeño (<10 mm), libre, anecoico y no tabicado, clínicamente estables (sin hipoxemia, dificultad respiratoria, sepsis ni mala tolerancia oral). En estos casos puede considerarse manejo ambulatorio con antibioterapia adecuada y reevaluación precoz, si se garantiza el seguimiento y los cuidadores reconocen signos de alarma.

Entorno social

Problema social o incapacidad familiar para garantizar el seguimiento y cuidados, o riesgo de incumplimiento terapéutico.

Los mismos criterios que para derivación.

Tolerancia oral

Imposibilidad para el tratamiento oral: por vómitos/intolerancia a líquidos u otro factor que dificulte la vía oral. 

 

Mantenimiento de los mismos criterios tras valoración en el servicio de urgencias hospitalarias.

Respuesta al tratamiento

 

 En ausencia de mejoría clínica tras 48-72 horas de tratamiento antibiótico adecuado, se debe revisar la adecuación del tratamiento indicado y su cumplimiento, valorar la presencia de complicaciones y considerar la existencia de criterios de derivación hospitalaria o ingreso.

Reevaluar la adherencia terapéutica, descartar complicaciones y reconsiderar la etiología sospechada inicialmente.

Tratamiento antimicrobiano ambulatorio

Edad

Primera elección

Alternativa

0 - 3 meses 

Recomendado tratamiento hospitalario.

 

3 meses - 5 años

Sospecha de etiología vírica32: no recomendado.

 

Sospecha de neumonía típica33:

  • Vacunados correctamente frente a H. influenzae tipo b: amoxicilina VO.
  • No vacunados correctamente frente a H. influenzae tipo b34: amoxicilina-clavulánico VO (formulación 8:135) o cefuroxima VO.
  • Alérgicos a betalactámicos con hipersensibilidad tipo I (anafilaxia): macrólidos (claritromicina VO o azitromicina VO)36.

 

  • Alérgicos a betalactámicos sin hipersensibilidad tipo I: cefuroxima VO.

Sospecha de neumonía atípica37:      Considerar Claritromicina38 VO.

  • Azitromicina VO.
  • En caso de sospecha de resistencia o alergia a macrólidos: Doxiciclina39  VO.

≥5 años

Sospecha de neumonía típica33: Amoxicilina VO.

  • Alérgicos a betalactámicos con hipersensibilidad tipo I (anafilaxia): macrólidos 36 (claritromicina VO o azitromicina VO).
  • Alérgicos a betalactámicos sin hipersensibilidad tipo I: cefuroxima VO.

Sospecha de neumonía atípica 37: Considerar claritromicina38 VO.

  • Azitromicina VO.
  • En caso de sospecha de resistencia o alergia a macrólidos: Doxiciclina 39 VO.

Tratamiento antimicrobiano en pacientes hospitalizados

Edad

Neumonía no complicada

Neumonía grave y/o con derrame pleural

0 - 3 meses

  • Ampicilina IV + cefotaxima IV.
  • Sospecha de etiología vírica: no recomendado
  • Ampicilina IV + cefotaxima IV.

3 meses - 5 años

  • Sospecha de etiología vírica: no recomendado
  • Derrame pleural paraneumónico: ampicilina40 IV o penicilina G sódica40 IV

 

  • Neumonía necrosante o absceso pulmonar41 : cefotaxima IV + clindamicina IV.    

Alternativa:  cefotaxima IV + vancomicina o linezolid IV.

 

  • Neumonía en paciente grave con/sin derrame pleural asociado 40:  cefotaxima IV + clindamicina IV. 

Si hay detección o sospecha de bacteria atípica añadir macrólido. 

 

  • Alternativa en pacientes alérgicos a betalactámicos: levofloxacino 42 IV + vancomicina o linezolid IV.                     
  • Típica33: Ampicilina IV o penicilina G sódica IV
  • Alternativa:
    • Alergia a betalactámicos con hipersensibilidad tipo I (anafilaxia): levofloxacino42 IV.
    • Alergia a betalactámicos sin hipersensibilidad tipo I:  cefotaxima o ceftriaxona IV.
  • No correctamente vacunados frente a H. influenzae tipo b34: amoxicilina-clavulánico IV
  • Alternativa: cefotaxima o ceftriaxona IV.

 

 

  • Atípica 37: considerar claritromicina 38 VO/IV.
  • En caso de sospecha de sospecha de resistencia o alergia a macrólidos: doxiciclina39 VO o IV.

 

≥5 años

  • Típica33: ampicilina IV o penicilina G sódica IV.
  • Alternativa:
  • -  Alergia a betalactámicos con hipersensibilidad tipo I (anafilaxia): levofloxacino 42 IV.
    -  Alergia a betalactámicos sin hipersensibilidad tipo I:  cefotaxima o ceftriaxona IV.

 

 

 

 

  • Ídem a <5 años.
  • Atípica 37: considerar claritromicina38 VO/IV.
  • En caso de sospecha de sospecha de resistencia o alergia a macrólidos: doxiciclina39 VO o IV.

 

Tratamiento antimicrobiano empírico en situaciones especiales

Situación

Tratamiento

Aspiración 7

  • Elección: amoxicilina-clavulánico IV o VO.
  • Alternativa: clindamicina IV (si alergia a betalactámicos).
  • Paciente grave: Piperacilina-tazobactam43 IV.

Inmunodepresión 8,44.

  • Inmunodepresión no grave: cefotaxima IV o ceftriaxona IV.
  • Inmunodepresión grave45, 46: cefepime IV o piperacilina-tazobactam IV.

Nosocomial 9, 44

 

  • Sin factores de riesgo de multirresistencia: cefotaxima IV o ceftriaxona IV.
  • Con factores de riesgo de multirresistencia10, 44 cefepime IV o piperacilina-tazobactam IV.

     Antibioterapia: vía de administración y duración

Vía de administración (oral y parenteral)

  • La antibioterapia oral es segura y eficaz en pacientes con neumonía leve/moderada. En los niños tratados de forma ambulatoria, se recomienda reevaluar la evolución clínica a las 24-48 horas del diagnóstico e inicio del tratamiento. La mayoría presentan      resolución de la fiebre a las 48-72 horas. En caso contrario debe revisarse la adecuación del tratamiento antibiótico y su cumplimiento, valorar la presencia de complicaciones y reconsiderar la existencia de criterios de valoración hospitalaria e ingreso.
  • En pacientes con criterios de ingreso hospitalario, el tratamiento antibiótico suele iniciarse por vía parenteral. Se recomienda realizar el cambio a la vía oral, con un antibiótico equivalente, una vez comprobada una evolución clínica favorable, estabilidad hemodinámica, ausencia de fiebre durante al menos 24-48 horas y adecuada tolerancia oral.

Duración del tratamiento

  • NAC típica leve/moderada: amoxicilina 5 días47.
  • NAC atípica: claritromicina48 5-7 días o azitromicina49 3 días.
  • NAC con derrame pleural no complicado: 7-10 días.
  • En caso de empiema, neumonía necrotizante, absceso pulmonar o paciente inmunodeprimido se requiere una duración más prolongada: individualizar 44.

Dosis recomendadas de los antimicrobianos50

Fármaco

Vía

Dosis total/día

N.º dosis / día

Amikacina

IV

15-20 mg/kg/día (máx. 1,5 g/día).

1-2

Amoxicilina51

VO

80-90 mg/kg/día (máx. 3-6 g/día).

3

Amoxicilina clavulánico

VO35

80-90 mg/kg/día de amoxicilina (máx. 3 g/día) y ácido clavulánico (máx. 375 mg/día o 125 mg/dosis), formulación 8:1.

3

IV

100-150 mg/kg/día de amoxicilina (máx. 6g/día), formulación 10:1

3-4

Ampicilina52, 53

IV

100-200 mg/kg/día (máx. 12 g/día).

4

Azitromicina

VO/IV

10 mg/kg/día (máx. 500 mg/día).

1

Cefepime

IV

100-150 mg/kg/día (máx. 6 g/día).

3-4

Cefotaxima52, 53

IV

100-200 mg/kg/día (máx. 12 g/día).

3-4

Ceftriaxona54

IV

50-100 mg/kg/día (máx. 4 g/día).

1-2

Cefuroxima-axetilo

VO

30 mg/kg/día (máx. 1g/día).

2

Cefuroxima

IV

100-150 mg/kg/día (máx. 6 g/día).

3-4

Claritromicina

VO/IV

  • VO: 15 mg/kg/día (máx. 1 g/día).
  • IV: 15 mg/kg/día (máx. 1 g/día).

2

Clindamicina

VO/IV

  • VO: 10-30 mg /kg/día (máx. 1.8 g/día).
  • VI: 30- 40 mg/kg/día. (máx. 2,7 g/día).

3-4

3-4

Cotrimoxazol55

VO/IV

  • VO: 10-20 de TMP/Kg/día.
  • IV: 10 a 20 mg de TMP/kg/día; máx.  680 mg de TMP.

2

 

2-4

Doxiciclina39

VO/IV

  • Primer día 4 mg/kg/día cada 12-24 h; siguientes dosis: 2 mg/kg/día cada 24 horas (máx. 100 mg).
  • En casos graves mantener la dosis del primer día (máx. 200 mg).

1-2

 

Levofloxacino42

VO/VI

  • 6 m<5 años: 20 mg/kg/día en 2 dosis.
  • ≥5 años: 10 mg/kg/día; máx. 500-750 mg/día.

2

1

Linezolid56

VO/IV

  • <5 años: 30 mg/kg/día.
  • ≥ 5 años: 30 mg/kg/día; máx. 1200 mg/día.

3

2

Penicilina G sódica57

IV

  • 100.000–250.000 UI/kg/día; máx. 24 millones UI/día.

4-6

Piperacilina-tazobactam58

IV

  • 300 mg/kg/día de piperacilina; máx. 16 g/día o 4 g/dosis.

3-4

Vancomicina

IV

  • 40-60 mg/kg/día; máx. 4 g/día.

4

Ver dosificación en: https://guia-abe.es/generalidades-antibioticos--dosis-en-lactantes-y-niños

Otras medidas terapéuticas 

  • Hidratación y nutrición adecuadas.
  • Antitérmicos si precisa.
  • Postura semiincorporada (sobre todo si existe dificultad respiratoria).
  • Administrar O2 si existe hipoxemia.
  • Aplicar las medidas de aislamiento (gotas y/o contacto, según el microorganismo sospechado o confirmado y la situación clínica).
  • La fisioterapia respiratoria no se recomienda salvo en neumonías con gran componente atelectásico o en pacientes con patologías concretas que pueden beneficiarse de ella (fibrosis quística, bronquiectasias…).
  • Fármacos expectorantes, mucolíticos y antitusígenos: no están indicados.
  • Manejo del derrame pleural: 
    • No todos los derrames pleurales requieren drenaje. Se recomienda tratamiento conservador (antibioterapia y vigilancia clínica) en pacientes con: derrame pequeño, derrame libre no complicado, ausencia de dificultad respiratoria significativa y buena evolución clínica tras el inicio del tratamiento antibiótico.
    • Está indicado el drenaje pleural en presencia de cualquiera de las siguientes situaciones: Derrame moderado o grande asociado a dificultad respiratoria, empiema, derrame tabicado o complicado con mala respuesta al tratamiento antibiótico o persistencia de fiebre o deterioro clínico pese a un tratamiento antibiótico adecuado.  La indicación de drenaje debe basarse fundamentalmente en la situación clínica y los hallazgos ecográficos, más que en el volumen del derrame aislado.
    • En los derrames complicados o loculados se recomienda la administración de fibrinolítico intrapleural a través del drenaje, ya que mejora el drenaje del líquido pleural y reduce la necesidad de cirugía.
    • La videotoracoscopia (VATS) no constituye el tratamiento inicial de elección en la mayoría de los pacientes. Debe considerarse cuando exista: fracaso del drenaje pleural con fibrinolíticos, persistencia de una colección pleural significativa con repercusión clínica, loculaciones extensas no drenables o fístula broncopleural u otras complicaciones que requieran tratamiento quirúrgico. La decisión debe individualizarse según la evolución clínica y la experiencia del centro.
  • En los pacientes tratados a nivel ambulatorio: ofrecer a la familia/cuidadores pautas escritas sobre:
    • Tratamiento antibiótico y de soporte (nutrición, hidratación, antitérmicos, broncodilatadores).
    • Información sobre los signos/síntomas de mala evolución o alarma, qué hacer ante ellos y asegurarnos de que lo entienden.

Control radiológico

  • En niños previamente sanos, con buena evolución clínica, no se recomienda Rx de tórax de control.  
  • Se recomienda control radiológico a las 48-72 horas del inicio del tratamiento si persisten o empeoran la fiebre, taquipnea, trabajo respiratorio, hipoxemia o estado general, para buscar complicaciones como derrame, empiema o absceso.  
  • Para la reevaluación de un derrame pleural, se prefiere la realización de ecografía torácica ya que valora mejor que la radiografía el tamaño del derrame, la presencia de tabiques o de loculaciones. 
  • Se recomienda realizar Rx de control a las 4–6 semanas, aproximadamente, si hubo atelectasia importante, consolidación lobar persistente, derrame significativo, síntomas que no se resuelven o sospecha de enfermedad subyacente. En estos casos si existe duda diagnóstica debe considerarse la realización de TAC de tórax.

Prevención: vacunas

  • Tras la recuperación clínica, se debe revisar y completar, cuando esté indicado, la vacunación frente a Haemophilus influenzae tipo b y neumococo. En pacientes que hayan requerido ingreso por NAC grave, o con etiología neumocócica confirmada, independientemente del serotipo, estaría indicada una dosis de refuerzo con PCV 15/20 si la pauta previa se completó con PCV13.
  • La vacunación frente a determinados microorganismos es la medida más efectiva y de mayor impacto:
    • La vacunación sistemática frente a H. influenzae tipo b y S. pneumoniae ha reducido de forma significativa la incidencia de neumonía bacteriana, hospitalizaciones y mortalidad. El calendario vacunal español incluye vacunas conjugadas frente a ambos microorganismos durante el primer año de vida; en el caso del neumococo, con PCV20 o PCV15 según la comunidad autónoma.  Existen nuevas vacunas neumocócicas conjugadas, como la PCV21, ya autorizada en 2026 para niños y adolescentes de 2 a 17 años, y otras en desarrollo, como la PCV25, que amplían la cobertura frente a un mayor número de serotipos.
    • La inmunización frente a tosferina, en el tercer trimestre de embarazo, alcanza una efectividad de un 90 % en la protección de la infección por B. pertussis durante los primeros meses de vida, período de mayor riesgo para el lactante.
    • El virus de la gripe puede causar NAC y favorecer complicaciones por coinfección bacteriana, especialmente por S. pneumoniae y S. aureus. En España, la vacunación antigripal está financiada de forma sistemática para los niños de 6 a 59 meses y, a partir de los 5 años, para aquellos que presentan condiciones de riesgo. Algunas comunidades autónomas han ampliado la financiación a otros grupos de edad pediátrica, por lo que estas indicaciones pueden variar según el territorio y la temporada. El CAV-AEP extiende la recomendación desde los 6 meses hasta los 17 años. 
    • La profilaxis frente al VRS mediante anticuerpos monoclonales de larga duración en lactantes menores de 6 meses ha supuesto una medida preventiva de gran impacto, con una reducción significativa de la carga de enfermedad por VRS. Nirsevimab, financiado por el Sistema Nacional de Salud desde el otoño de 2023, fue el primer anticuerpo monoclonal autorizado con esta indicación; más recientemente, clesrovimab autorizado desde finales de 2025 en Europa. La vacunación materna frente al VRS puede constituir una estrategia preventiva complementaria o alternativa, según la política de inmunización adoptada por cada autoridad sanitaria.
Referencias bibliográficas
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Abreviaturas: Ag (antígeno). AP (Atención primaria). Aware (Access, Watch, Reserve -clasificación de antibióticos de la OMS). CMV (citomegalovirus). FR (frecuencia respiratoria). IGRA (Interferon Gamma Release Assays). IV (vía intravenosa). LBA (lavado broncoalveolar). MR (meticilin-resistente). NAC (Neumonía adquirida en la comunidad). PCR (reacción en cadena de polimerasa). PCT (procalcitonina). POCUS (Point-of-care ultrasound -ecografía clínica a pie de cama) PrCR (proteína C reactiva). PROA (Programa de Optimización de Antimicrobianos). PCV13 (vacuna conjugada antineumocócica 13 valente). PCV15 (vacuna conjugada antineumocócica 15 valente). PCV20 (vacuna conjugada antineumocócica 20 valente). rpm (respiraciones por minuto). Rx (Radiografía). SMX (Sulfametoxazol). TC (tomografía computarizada). TEP (Triángulo de Evaluación Pediátrica). TMP (Trimetoprim). UCIP (unidad de cuidados intensivos pediátricos). VEB (virus Epstein-Barr). VHS (virus herpes simple). VATS (videotoracoscopia). VO (vía oral). VRS (virus respiratorio sincitial).

Notas aclaratorias

1 De esta definición se excluyen los casos que afectan a niños con inmunodeficiencias u otras situaciones que los hacen más vulnerables a patógenos excepcionales en la población general, la tuberculosis pulmonar y las neumonías neonatales.

2 VRS, influenza A y B, parainfluenza, rinovirus, metapneumovirus humano, bocavirus, adenovirus. Es la etiología más frecuente en los menores de 2 años.

3 Streptococcus pneumoniae es el principal agente etiológico de NAC en todas las edades. La PCV13 ha sido muy eficaz, reduciendo gran parte de la ENI por serotipos vacunales y la NAC grave. No obstante, el reemplazo por serotipos no incluidos en PCV13 ha motivado el desarrollo e incorporación de vacunas conjugadas de mayor valencia (PCV15, PCV20, PCV21). Por su parte, el serotipo 3 presenta mayor resistencia a la inmunidad mediada por complemento y a la fagocitosis, elevada capacidad de formación de biopelículas y mayor potencial de invasión pulmonar. Estas características favorecen la evasión de la inmunidad inducida por PCV13 y podrían comprometer la protección conferida por las vacunas de mayor valencia frente a este serotipo.

4 Las coinfecciones pueden asociarse a una mayor respuesta inflamatoria y a formas más graves de neumonía que las infecciones causadas por un único microorganismo. En menores de 3 años es frecuente la coinfección por virus respiratorios o la coinfección virus-bacteria, siendo la asociación entre Streptococcus pneumoniae y VRS una de las más habituales. La implantación de la inmunización sistemática frente al VRS con nirsevimab ha reducido de forma muy significativa la enfermedad por este virus en lactantes, por lo que es previsible que contribuya a disminuir la incidencia de NAC neumocócica y otras complicaciones derivadas de la coinfección.

5 Las neumonías causadas por Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus suelen asociarse a formas graves, con mayor riesgo de necrosis pulmonar, empiema y bacteriemia. Con frecuencia aparecen tras una infección por gripe o varicela, aunque también pueden observarse durante periodos de elevada circulación de virus respiratorios. Desde 2022 se ha descrito un incremento de las infecciones invasivas por S. pyogenes en diversos países europeos, incluido España, acompañado de un aumento de las neumonías complicadas y del empiema.

6 Mycoplasma pneumoniae es el microorganismo más frecuentemente responsable de neumonía atípica. Causa brotes entre los meses de mayo-julio y en otoño. Desde noviembre de 2023 hasta finales de primavera del 2024 se observó un incremento de NAC por M. pneumoniae, de ingresos hospitalarios y de formas extrapulmonares, algunas graves.

7 Considerar neumonía por aspiración en pacientes con alteración del nivel de conciencia (convulsiones, anestesia general, sedación o intoxicación), trastornos de la deglución, enfermedades neurológicas o neuromusculares, aspiración de cuerpo extraño o cualquier otra condición que favorezca la aspiración de contenido orofaríngeo o gástrico, incluida la ventilación mecánica o la presencia de dispositivos de vía aérea.

8 La etiología de la neumonía en el paciente inmunodeprimido depende del tipo de la inmunosupresión subyacente, del grado de inmunosupresión en el momento de la infección y de la exposición previa a patógenos comunitarios u hospitalarios.

9 La neumonía nosocomial es la infección del parénquima pulmonar que aparece ≥48 horas después del ingreso hospitalario y que no estaba presente ni en período de incubación en el momento del ingreso.

10 Son factores de riesgo de infección por microorganismos multirresistentes la exposición reciente a antibióticos de amplio espectro, la hospitalización prolongada, la ventilación mecánica invasiva, la colonización o infección previa por microorganismos multirresistentes, la inmunosupresión, la enfermedad crónica compleja, la dependencia tecnológica, la traqueostomía, la presencia de dispositivos invasivos y los ingresos hospitalarios o estancias repetidas en UCI. En estos pacientes, es fundamental conocer la ecología local y los patrones de resistencia de los microorganismos causales de infección nosocomial.

11 Ante un infiltrado pulmonar agudo debe considerarse siempre el diagnóstico de síndrome torácico agudo, con o sin infección asociada.

12 Se recomienda determinar la SatO₂ mediante pulsioximetría en todos los pacientes con sospecha de NAC. Una SatO₂ persistente <92 % en aire ambiente es criterio de derivación hospitalaria. La gasometría no está indicada de forma rutinaria, salvo en casos de insuficiencia respiratoria moderada-grave, necesidad de soporte respiratorio, sospecha de hipercapnia o deterioro clínico.

13 En la NAC tratada de forma ambulatoria no se recomienda la determinación rutinaria de hemograma ni de reactantes de fase aguda. Su realización puede considerarse en pacientes hospitalizados o ante incertidumbre diagnóstica o terapéutica. La leucocitosis y la neutrofilia de forma aislada tienen escasa capacidad para diferenciar entre infección viral y bacteriana. La PrCR y la PCT muestran una mayor capacidad discriminativa, aunque tampoco permiten establecer con certeza la etiología, por lo que deben interpretarse junto con los datos clínicos, radiológicos y microbiológicos.

14 La proteína C reactiva capilar en el punto de atención, integrada en protocolos y junto con la valoración clínica, puede ayudar a orientar el manejo de las infecciones respiratorias y reducir la prescripción innecesaria de antibióticos en niños sin criterios de derivación. De forma orientativa, valores <20 mg/L apoyan evitar antibioterapia, mientras que valores >80 mg/L sugieren una alta probabilidad de NAC bacteriana y la necesidad de tratamiento antibiótico y valoración complementaria. Los valores intermedios (20-80 mg/L) deben interpretarse en el contexto clínico.

15 Los test rápidos de antígenos virales (gripe, VRS y SARS-CoV-2) pueden ser útiles en Atención Primaria en pacientes seleccionados cuando el resultado pueda modificar el manejo clínico. Su principal limitación es su menor sensibilidad respecto a las técnicas moleculares, por lo que un resultado negativo no excluye la infección cuando la sospecha clínica es elevada. Un resultado positivo tampoco descarta la posibilidad de coinfección bacteriana, por lo que debe interpretarse siempre en el contexto clínico y no utilizarse de forma rutinaria ante toda infección respiratoria.

16 No está indicada su realización de forma rutinaria. Se recomienda la obtención de hemocultivos en pacientes hospitalizados, especialmente en casos graves, complicados o en pacientes inmunodeprimidos. Aunque su rendimiento diagnóstico es bajo (positividad aproximada del 2-7 % en niños hospitalizados), aumenta en presencia de derrame pleural, empiema o neumonía necrotizante. Cuando son positivos, permiten identificar el microorganismo causal y perfil de sensibilidad, lo que permite la optimización del tratamiento.

17 Existen diferentes paneles de PCR múltiple que incluyen un número variable de virus respiratorios y permiten su detección simultánea, aunque no distinguen entre colonización e infección. Sus resultados pueden ser útiles para orientar el manejo clínico; sin embargo, la detección de uno o varios virus no excluye una coinfección bacteriana, especialmente en casos de neumonía grave.

18 El rendimiento diagnóstico del cultivo de líquido pleural es bajo (<25 %), especialmente tras el inicio de la antibioterapia. La detección de antígeno neumocócico y, sobre todo, las técnicas de PCR aumentan significativamente la rentabilidad diagnóstica, especialmente en cultivos negativos, aunque pueden no aportar información sobre el perfil de resistencia. La combinación de cultivo y técnicas moleculares proporciona el mayor rendimiento diagnóstico en el derrame pleural complicado.

19 La serología no se recomienda de forma rutinaria por su escasa utilidad en la fase aguda. Puede considerarse en situaciones seleccionadas, para el diagnóstico retrospectivo de Mycoplasma pneumoniae u otros patógenos atípicos cuando no se dispone de técnicas moleculares o existe una sospecha epidemiológica específica. El diagnóstico requiere demostrar seroconversión (aparición de IgM o incremento ≥4 veces del título de IgG en muestras separadas al menos 2 semanas).

20 La PCR para Mycoplasma pneumoniae debe reservarse para pacientes con alta sospecha clínica cuando el resultado pueda modificar el tratamiento. No se recomienda su realización sistemática. Un resultado positivo en muestras respiratorias no distingue con certeza entre infección activa y colonización, por lo que debe interpretarse en el contexto clínico.

21 Pueden considerarse en pacientes inmunodeprimidos, ingreso en UCIP o evolución tórpida en niños con enfermedades de base relevantes. En otros casos, su indicación debe individualizarse en base a una alta sospecha clínica. Permiten la detección simultánea de múltiples patógenos respiratorios, aunque no diferencian colonización de infección. En el contexto de una neumonía, un resultado positivo presenta un elevado valor predictivo positivo.

22 El antígeno neumocócico en orina no se recomienda de forma rutinaria en pediatría por su escasa utilidad diagnóstica, ya que no permite diferenciar entre infección activa, colonización o vacunación reciente (hasta 5-7 días tras la administración de PCV). El antígeno urinario de Legionella pneumophila puede ser útil en casos de neumonía grave, pacientes inmunodeprimidos o en el contexto de brotes epidémicos.

23 En caso de sospecha de TBC realizar Mantoux y/o IGRA. Ver: https://guia-abe.es/temas-clinicos-tuberculosis.

24 El cultivo de esputo puede ser de utilidad en niños mayores, siempre que la muestra obtenida haya sido de buena calidad (>25 leucocitos/campo y <10 células epiteliales/campo). Ante sospecha de TBC se utiliza cultivo de esputo inducido, o de aspirado gástrico en lactantes y niños pequeños.

25 El cultivo de aspirado traqueal requiere la obtención de una muestra de calidad (aspirado profundo con mínima contaminación de secreciones orofaríngeas). Tiene como limitación la elevada frecuencia de colonización de la vía aérea artificial, lo que dificulta la diferenciación entre colonización e infección. El lavado broncoalveolar (LBA) con cultivo microbiológico y/o técnicas de PCR ofrece una mayor representatividad de la vía aérea distal y un mejor rendimiento diagnóstico, siendo especialmente útil en neumonía grave o en pacientes inmunodeprimidos.

26 La radiografía de tórax no se recomienda de forma rutinaria en niños previamente sanos con NAC leve y manejo ambulatorio, ni en pacientes con sibilancias o bronquiolitis típica. Está indicada en pacientes hospitalizados, enfermedad grave, sospecha de complicaciones, dudas diagnósticas, neumonías recurrentes o mala evolución clínica. La proyección frontal suele ser suficiente. Aunque la consolidación lobar o segmentaria con broncograma aéreo orienta hacia etiología bacteriana, los hallazgos radiológicos no permiten diferenciar de forma fiable entre infección bacteriana y viral.

27 La ecografía pulmonar presenta una elevada sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de la NAC pediátrica y constituye una herramienta rápida, inocua y libre de radiación, tanto en Atención Primaria como en el ámbito hospitalario. Cuando es realizada por profesionales entrenados, representa una alternativa eficaz a la radiografía de tórax, con mayor sensibilidad para detectar derrames pleurales de pequeño volumen y para caracterizar su cuantía, localización y complejidad (libres o tabicados), además de guiar el lugar de punción cuando se requiere drenaje. Aunque no permite diferenciar con certeza la etiología bacteriana de la viral, su disponibilidad a pie de cama y ausencia de radiación facilitan su uso seriado para monitorizar la evolución y detectar complicaciones, evitando la exposición a pruebas de imagen ionizantes.

28 La TC torácica se reserva para pacientes con mala evolución clínica a pesar de un tratamiento adecuado, ante la sospecha de neumonía necrotizante o absceso pulmonar, o cuando sea necesario descartar complicaciones o diagnósticos alternativos no identificados mediante otras técnicas de imagen.

29 Reservada a casos graves o de evolución tórpida, anomalías radiológicas persistentes o neumonías recurrentes en la misma localización. Permite la obtención de muestras de vía aérea inferior para estudio microbiológico mediante lavado broncoalveolar.

30 En lactantes de 3-6 meses, la decisión debe individualizarse según el estado clínico, la sospecha etiológica, la presencia de factores de riesgo y la posibilidad de garantizar un seguimiento estrecho.

31 Valorar la presencia de taquipnea según la edad (FR normal: recién nacido-3 meses, 30-60 rpm; 3 meses-2 años, 24-40 rpm; preescolar, 22-34 rpm; escolar, 18-30 rpm; adolescente, 12-16 rpm). Debe medirse preferentemente en reposo, ya que la fiebre, el llanto y la agitación pueden incrementarla de forma transitoria.

32 Es la etiología más frecuente en este grupo de edad. No se recomiendan antibióticos en niños menores de 2-3 años previamente sanos, con sospecha de etiología vírica (comienzo gradual, síntomas de infección respiratoria de vías altas, clínica leve con fiebre/febrícula, crepitantes bilaterales con/sin sibilancias), bien vacunados frente a Haemophilus influenzae tipo b y Streptococcus pneumoniae y posibilidad de seguimiento estrecho.

33 Ante la sospecha de neumonía típica (inicio brusco, fiebre elevada, afectación del estado general, hipoventilación o crepitantes localizados en la exploración), el tratamiento de elección es amoxicilina. Salvo en caso de alergia inmediata a betalactámicos, no se recomienda el tratamiento empírico con macrólidos, debido a la elevada prevalencia de resistencia de Streptococcus pneumoniae a este grupo de antibióticos.

34 Se considerará no vacunado o incorrectamente vacunado al paciente que no haya recibido al menos 2 dosis de vacuna frente a H. influenzae tipo b, con una última dosis administrada al menos 15 días antes de la consulta.

35 Habitualmente se debe prescribir amoxicilina-clavulánico suspensión 100/12,5 mg/ml. De esta forma se pueden prescribir dosis altas de amoxicilina sin sobrepasar la dosis máxima de clavulánico. No usar la suspensión de amoxicilina-clavulánico formulación 4:1 (250 mg-62,5 mg) para esta indicación.

36 Vigilancia especial dado el incremento de las resistencias de las cepas circulantes de neumococo a los macrólidos.

37 La evidencia disponible no demuestra de forma concluyente un beneficio clínico del tratamiento antibiótico en los casos leves, por lo que puede considerarse una actitud expectante con tratamiento sintomático y seguimiento estrecho, incluso en pacientes con neumonía no grave. Se recomienda tratamiento antibiótico cuando exista una alta sospecha o confirmación microbiológica de infección por M. pneumoniae asociada a enfermedad grave, hipoxemia, necesidad de soporte respiratorio, manifestaciones extrapulmonares relevantes o factores de riesgo de evolución desfavorable.

38 Aunque azitromicina presenta una pauta más cómoda y mejor tolerancia gastrointestinal, claritromicina podría ser preferible desde el punto de vista de optimización del uso de antimicrobianos, al asociarse a una menor exposición prolongada al antibiótico y potencialmente a una menor presión selectiva para el desarrollo de resistencias. Sin embargo, ambos macrólidos son considerados, en la clasificación AWaRe de la OMS, “watch” (“precaución”, antibióticos con potencial de generación y/o selección de resistencia y desempeñan un papel clave en la medicina humana)

39 Debe considerarse el incremento de cepas de Mycoplasma pneumoniae resistentes a macrólidos. La doxiciclina es una alternativa en casos seleccionados (sospecha de resistencia o fracaso terapéutico), con buena penetración pulmonar y un perfil de seguridad favorable en tratamientos cortos (<3 semanas). En menores de 8 años, su uso es off-label, salvo que no sea posible administrar otros antibióticos y la gravedad del cuadro clínico lo justifique.

40 Se recomienda utilizar las dosis altas habituales para infección grave, con el fin de optimizar la penetración pulmonar y pleural del antibiótico.

41 En nuestro medio, los principales agentes causales de la neumonía necrosante y el absceso pulmonar son S. pneumoniae, S. aureus y S. pyogenes, siendo el neumococo el patógeno identificado con mayor frecuencia. Se recomienda añadir clindamicina por su actividad frente a S. aureus y S. pyogenes, así como por su capacidad para inhibir la producción de toxinas bacterianas. En pacientes con enfermedad grave, sospecha o confirmación de MRSA o en áreas con elevada prevalencia de MRSA, se recomienda emplear vancomicina en lugar de clindamicina.

42 Uso off-label. Las fluoroquinolonas, como levofloxacino, son de uso restringido en pediatría por consideraciones de seguridad y política antibiótica, tras la descripción de artropatía en modelos animales en crecimiento. Su uso puede considerarse en situaciones seleccionadas y graves, cuando no existan alternativas terapéuticas adecuadas, durante cursos cortos y bajo estrecha monitorización. Ver: https://guia-abe.es/generalidades-quinolonas-en-pediatria.

43 Piperacilina-tazobactam se reserva para neumonía aspirativa grave o complicada, especialmente en presencia de absceso, empiema, sepsis, alteración neurológica grave o riesgo de infección polimicrobiana con gramnegativos hospitalarios o aspiración intrahospitalaria.

44 Se recomienda consultar con un especialista en enfermedades infecciosas. Adaptar el tratamiento a la ecología local y a los patrones de resistencia del centro.

45 Situaciones asociadas a deterioro significativo de la inmunidad celular o neutropenia grave/prolongada, como trasplante hematopoyético o de órgano sólido en determinados periodos, inmunodeficiencias combinadas graves, tratamiento inmunosupresor intenso, etc.

46 Considerar añadir vancomicina o linezolid ante sospecha de infección por S. aureus resistente a meticilina; amikacina en pacientes con inestabilidad clínica o sospecha de infección por bacilos gramnegativos resistentes; macrólido ante sospecha o confirmación de neumonía atípica y cotrimoxazol ante sospecha de Pneumocystis jirovecii.

47 En la actualidad, se consideran adecuadas pautas de tratamiento de 5 días en niños previamente sanos, mayores de 6 meses e inmunocompetentes con NAC no complicada que presenten una evolución clínica favorable, con mejoría del estado general y desaparición de la fiebre en las primeras 48-72 horas tras el inicio del tratamiento antibiótico. Fuera de estas circunstancias, es necesario prolongar la duración del tratamiento en función de la evolución clínica y la presencia de complicaciones.

48 En casos con evolución favorable son suficientes 5 días de claritromicina.

49 La dosis de azitromicina distribuida en 5 días (10 mg/kg el primer día y 5 mg/kg los 4 días restantes) no aporta ninguna ventaja a la pauta de 3 días con una dosis de 10 mg/kg/día).

50 Las dosis recomendadas en este documento pueden diferir, para algunos antibióticos, de las recogidas en sus respectivas fichas técnicas. En estos casos, las pautas propuestas se fundamentan en las tablas oficiales de dosificación de antimicrobianos en pediatría de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP), elaboradas por el grupo PROA-SEIP en colaboración con la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), así como en las recomendaciones del Red Book 2024–2027 de la American Academy of Pediatrics (AAP).

51 Aunque la prevalencia de S. pneumoniae con sensibilidad reducida a penicilina ha disminuido en los últimos años, se mantienen cepas con sensibilidad intermedia en algunos entornos. Se recomiendan dosis altas para optimizar la exposición antibiótica y garantizar eficacia clínica.

52 En menores de 1 mes, la dosis y la frecuencia de administración se ajusta en función de la edad gestacional del paciente y los días de vida en el momento de la administración. Consultar dosificación en https://www.guia-abe.es/generalidades-antimicrobianos-dosis-en-neonatos

53 En presencia de derrame pleural pueden requerirse dosis de 200–300 mg/kg/día.

54 No administrar en neonatos ni en lactantes con hiperbilirrubinemia. En caso de derrame pleural importante o neumonía grave emplear dosis más elevada (100 mg/kg/día).

55 Cotrimoxazol: tripmetropima-sulfametoxazol relación 1:5. Utilizar la dosis alta en neumonías por Pneumocystis jirovecii.

56 Reservar para infecciones graves por cocos Gram positivos resistentes (especialmente Staphylococcus aureus MR), preferentemente tras valoración por un especialista en enfermedades infecciosas o el programa PROA.

57 En NAC grave o derrame pleural puede estar indicado emplear dosis superiores 250.000-400.000 UI/kg/día, según gravedad o sensibilidad del microorganismo.

58 En infecciones graves por Pseudomonas aeruginosa puede considerarse un incremento de dosis hasta 400 mg/kg/día de piperacilina. Máximo 16 gramos al día o 4 g dosis.

Notas: la Guía-ABE se actualiza periódicamente. Los autores y editores recomiendan aplicar estas recomendaciones con sentido crítico en función de la experiencia del médico, de los condicionantes de cada paciente y del entorno asistencial concreto; así mismo se aconseja consultar también otras fuentes para minimizar la probabilidad de errores. Texto dirigido exclusivamente a profesionales.
[i] Más información en: http://www.guia-abe.es/
[*] Comentarios y sugerencias en:
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